LA CUSTODIA COMPARTIDA GANA TERRENO PORQUE CADA VEZ MÁS HOMBRES DIVORCIADOS RECLAMAN PARTICIPAR EN EL CUIDADO DE LOS HIJOS

lunes, 9 de abril de 2007

AMNISTIA INFANTIL

Reportaje incompleto en La Vanguardia sobre custodia compartida .

El reportaje parte de una nueva realidad social que ya no puede ocultarse: la de padres que simplemente quieren a sus hijos y quieren seguir a su lado después de la separación. Lo que el reportaje calla es la criminalización y el calvario de decenas de miles de esos padres que se implican en la crianza, que han vivido y creen en la igualdad y que por eso reclaman la custodia compartida. Lo que calla el reportaje es que la nueva ley es un retroceso, lo que calla son las presiones ejercidas por mujeres de la época de Franco que siguen con la visión de su tiempo, un tiempo el que no había divorcio. Lo que calla es el papel de ese supuesto feminismo, ignorante y criminal y las cesiones de este gobierno débil y de torpe demagogia. Sin mencionar eso no se entiende lo que está pasando en España con la custodia compartida.



LA VANGUARDIA
Ciudadanos - 9/04/2007

Carina Farreras - Barcelona

Una reciente sentencia que ordena una custodia compartida para dos menores sin que la madre esté de acuerdo abre el debate sobre el papel de los padres en la crianza de los hijos

Desde que el pasado 26 de febrero la Audiencia de Barcelona ordenó la custodia compartida de los dos hijos de una pareja, como pedía el padre pero desestimaba la madre, los teléfonos de los abogados matrimonialistas no dejan de sonar. Al otro lado del hilo telefónico, padres esperanzados inquieren la posibilidad de revisar las sentencias que otorgan a la madre la exclusividad de la guarda y custodia de los menores. Los tiempos cambian y los juzgados lo reflejan.

Desde la aprobación de la ley de Divorcio en 1981 se ha pasado de la exclusividad de las custodias maternas a buscar nuevas fórmulas de compartir la paternidad sin condenar a la mujer al cuidado en solitario de los hijos y al hombre al alejamiento de la familia. Custodias para los hombres, compartidas, fórmulas imaginativas de consenso...

La transformación no se produce sin críticas. Hay quien, como las asociaciones de padres separados, reclama el derecho a la custodia compartida ya por una cuestión igualitaria. En el otro lado, se cuestiona la velocidad del cambio. El pasado 28 de marzo un nutrido grupo de manifestantes se apostaba a la entrada de los juzgados de Familia de Barcelona con pancartas elocuentes, como: "¿O mi trabajo o mis hijos?". Se referían a un caso que se enjuiciaba ese día en el que en medidas preliminares se había otorgado la guarda y custodia de los hijos a un empresario por disponer de más tiempo que la madre de los niños, una asalariada sujeta a los horarios laborales.

Sentencias como éstas rompen con siglos de tradición. Desde siempre y en prácticamente todas las culturas, la mujer se ha hecho cargo de la prole. Todavía es así en la España del siglo XXI a juzgar por el número de mujeres que no trabajan, que solicitan reducciones de jornada laboral por razones familiares, que piden permisos laborales por maternidad o que se ausentan del trabajo para llevar al niño al pediatra. Ellas, con o sin cargas laborales, siguen cuidando de la familia. Y es cierto también que aparecen muchos más padres ausentes de la familia tras la ruptura que madres. Pero un grupo de hombres, minoritario aunque significativo y creciente, comparte la crianza de los hijos, implicándose en la cotidianidad del hogar, además de en su educación y salud. "Estos padres no pueden obtener la respuesta judicial clásica; si se implicaron deben poder seguir cerca de sus hijos tras la separación", afirma Núria Villanueva, mediadora de parejas en procesos de divorcio. Para esta psicóloga, incluso habría que dar la oportunidad a los padres dispuestos a ocuparse de sus hijos después del divorcio aunque no lo hicieran antes.

En principio, los jueces de Familia tratan de que los hijos sufran el menor cambio posible en sus vidas tras la ruptura de la pareja. Y si fue la madre quien se ocupó más de ellos, siguen otorgándole a ella la responsabilidad de cuidarlos; pero esos mismos jueces saben cuán difícil resulta desentrañar la verdad de lo que por separado expone cada integrante de la pareja. En la demencia de las batallas conyugales todo parece valer: la utilización de los hijos también. "Dinero y mentiras nos quitan la custodia de los hijos", proclamaba otra pancarta en la reciente protesta en los juzgados. En un extremo se ve a padres solicitando custodias por dañar a la madre; en el otro, a hombres alejados del hogar durante años por falsas denuncias de abusos o malos tratos.

A veces, la finalidad no es tanto obtener la custodia como ganar al otro. "Los hijos quedan en el domicilio conyugal y el que se marcha debe contribuir a los gastos de los niños. Por tanto, el que se va pierde mucho. Cierto que hay hombres interesados sinceramente en cuidar de sus hijos pero también veo a muchos que simplemente no están dispuestos a ser los perdedores", explica Montserrat Ayuso, abogada matrimonialista, que defendió a la mujer en el caso de la reciente custodia compartida impuesta por el juez. A la cuestión de demostración de poder, se añade ahora el de la aceptación social. "Ahora - señala la abogada-, que te quiten a los hijos, seas hombre o mujer, te descalifica ante la sociedad".

En estas contiendas quizá uno acabe ganando pero lo que parece seguro es que existen daños colaterales. Gloria Zegrí es psicóloga clínica del Centre Mental de Salut d´Infància i Juventut de Gràcia-Sant Andreu. Al centro llegan los estragos de separaciones mal llevadas y habla de vómitos, cefaleas, agresividad, desafíos injustificados, depresiones y trastornos de conducta en adolescentes, síntomas todos de infelicidad. Se trata de los perdedores involuntarios que no quisieron la guerra entre progenitores, pero la padecieron. "Perjudica más la desavenencia de los padres que la separación, que puede ser asumida con bastante naturalidad", asegura Segre. A su juicio, los padres deberían ser capaces de separar el conflicto de pareja de su función como padres. "En todo caso, no se trata tanto de dónde vive el niño o con quién sino de que vea que sus padres se entienden y se respetan. Resulta más importante - continúa- que estén juntos frente a las notas o en una celebración que el hecho de compartir el 50% del tiempo".

Villanueva cree, en este sentido, que no debería pensarse en modelos rígidos (los niños con ella, los niños con él, o con ambos a partes iguales) sino en diseñar en cada caso un traje a medida con costuras que puedan remeterse o ampliarse en el futuro y en función de las necesidades de cada pareja y de sus hijos. "Se trata de ir construyendo un nuevo modus vivendi para la familia", manifiesta. Hay que probar, y quizá equivocarse, para encontrar el mejor acomodo, opina.

Magda Bandera recoge en su libro Custodia compartida diversas fórmulas por las que los hijos pueden disfrutar de ambos padres sin partir su tiempo salomónicamente. Recoger o llevar a los niños al colegio, comer juntos en vez de utilizar el comedor escolar, hacer los deberes... existe un sinfín de maneras de relacionarse que no pasan por la convivencia partida. "En definitiva, se trata - explica- de que cada pareja construya su forma de organizarse en beneficio de los niños. Ganan así los hijos y, a la larga, ambos miembros de la pareja".


POR CORTESIA DE MARTA PLA

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