POR LA DIGNIDAD DEL ÁRBITRO
Y DEL DEPORTE (PARTE III)

jueves, 5 de julio de 2007

Durante las últimas jornadas de liga, el fútbol ha mostrado en España su cara más emocionante y, por desgracia, también la más miserable. Yo, Ángel Andrés Jiménez Bonillo, autor de los artículos "POR LA DIGNIDAD DEL ÁRBITRO Y DEL DEPORTE (PARTE I Y II)", árbitro de fútbol adscrito a la delegación costa del sol, me centraré en la parte que a todos debería repugnarnos.

En el partido entre el Barcelona y el Getafe, un jugador profesional que cobra una millonada se auto expulsó dando una patada sin balón a un rival. En este enfermo país, miles de aficionados, en vez de recriminar a su futbolista la falta de espíritu deportivo y de responsabilidad, se dedicaron a insultar a un señor (un ser humano, no lo olvidemos) que desempeña la labor más difícil de todas las que conforman un encuentro: arbitrar( es decir, lo que esa gran mayoría que insulta no se atrevería a realizar ). Además, en esta ocasión acertó, aunque el respeto debido a toda persona no deba (y no debe) depender de que acierte o no, como tampoco creo que se deba insultar a un entrenador por el estilo de juego del equipo o a un presidente por cualquier motivo.

Si mi memoria no me falla, al día siguiente algunos jugadores del Betis dudaron de la honestidad de la labor arbitral en su partido frente al Celta. No sé cómo verían ellos que personas que no están en su piel dudasen de su profesionalidad después de su derrota por cero a cinco contra Osasuna.

Y ante hechos lamentables como los que he comentado, nadie toma cartas en el asunto. El fútbol (y, con él, el espíritu y los valores deportivos ) se pudre y nadie levanta la voz. El miedo a perder el puesto o a crearse enemigos, o la resignación del que no quiere jugarse su tranquilidad me parecen las únicas causas posibles para explicar este silencio cómplice y miserable.

Otro capítulo doloroso es el de los goles obtenidos con la mano (Agüero, Van Nistelrooy -aunque lo acabó metiendo Sergio Ramos -, Messi...). Son lances en los que los atacantes, olvidándose de que lo que están practicando es un deporte (hablar de limpieza en el deporte es como hablar de respeto mutuo en la pareja: lo primero es parte esencial de lo segundo) deciden robar, es decir, apoderarse consciente y voluntariamente de lo que no les corresponde.

Menosprecian el hecho de ser ejemplo de los jóvenes, los cuales crecerán y querrán imitar a sus ídolos. Les hablamos de juego limpio y luego nos dedicamos a ensuciarlo, no hay derecho. Y esta sociedad permanece callada, seguramente para mantener vivo un negocio perverso y asqueroso.

Decía Joaquín Caparrós, cuando Agüero metió su lamentable gol con la mano, que él lo felicitaría por ello. A mí me gustaría preguntarle al señor Caparrós si él tiene argumentos morales para explicar a un niño que no debe robar aunque nadie lo esté viendo, porque eso está mal, pero que sí puede marcar un gol ilícito a un rival. La doble moral: gran peligro; el fin (ganar) justifica los medios: otro gran peligro.

Hace unos meses yo pensaba que el fútbol estaba muriéndose. Ahora ya lo veo en su última agonía (no como negocio, sino como deporte). Pero a los medios de comunicación y a las autoridades competentes no les importa. Pueden decir que el comportamiento de las aficiones ha sido ejemplar aunque hayan insultado terriblemente a los árbitros y a los jugadores del equipo rival. Si luego se alarman cuando ocurren tragedias en torno al deporte, será pura hipocresía. Eso del respeto y del juego limpio es una pantomima; lo que importa es que haya polémica y negocio. Como sea, pero que haya.

Cuando veo un partido de tenis, me parece estar viendo auténtico deporte. El respeto es absoluto. Luego veo uno de fútbol (goles con la mano, caídas en el área rival sin que el derribo esté justificado, agresiones físicas y verbales...) y me da vergüenza. Y todo el mundo calla porque no se atreve a desmontar el negocio (o no quiere). ¡Qué falta de humanidad!

Ante esta situación, la única posibilidad que le queda al fútbol para no morir como deporte está en manos de los árbitros, esas personas que soportan con grandeza ser maltratadas por sus semejantes sin que la sociedad muestre su disconformidad. Por ello pido a mis compañeros que se planteen convocar una huelga a comienzos de la próxima temporada en todas las categorías del fútbol español. Sería nuestro llamamiento a una jornada de reflexión sobre el auténtico espíritu deportivo y sobre las violaciones de los derechos humanos y la constitución (artículo 20.4) que cada fin de semana se producen en la mayoría de los campos de fútbol de este país.

Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará, debemos demostrar que a nosotros sí nos interesa más el deporte que el negocio, debemos luchar por dejar a nuestros descendientes un deporte sano y educado (y educador), sin muertes (¡qué barbaridad!) ni faltas de respeto (también son barbaridades, aunque mucha gente piense, equivocadamente, que son parte del fútbol).

En el fondo, debemos ayudar al propio fútbol (si es que nos importa y lo amamos realmente) para que nunca más se escuche algo como lo que hace poco me dijo el padre de un niño: "PREFIERO QUE MI HIJO PRACTIQUE CUALQUIER DEPORTE ANTES QUE FÚTBOL; LA FALTA DE EDUCACIÓN EN EL FÚTBOL ES TERRIBLE".

Ángel Andrés Jiménez Bonillo, árbitro de fútbol adscrito a la Delegación Costa del Sol.

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