POR LA DIGNIDAD DEL ÁRBITRO
Y DEL DEPORTE (VI)

miércoles, 29 de agosto de 2007

27 de agosto de 2007

Ha vuelto la liga de fútbol. Deseando la pronta y total recuperación de Antonio puerta, que ahora es lo que más nos preocupa a todos, no quiero dejar pasar ciertos hechos que considero trascendentales. Porque, después de la vida (¡ánimo, puerta! ), lo más importante es el respeto, no el resultado del partido.

Durante la retransmisión del encuentro Sevilla-Getafe, el comentarista de la sexta Andrés montes dijo sobre el árbitro: " yo creo que Turienzo Álvarez se ha vuelto loco". Lo dijo después de que el colegiado expulsara correctamente a dos jugadores del Getafe y de que mostrara una tarjeta amarilla a otro por algo que éste le había dicho, lo cual, salvo que el señor montes tenga poderes sobrenaturales, era desconocido por todos los que no estábamos en el lugar de los hechos. Añadió luego el famoso locutor: " supongo que la rajada por parte de los jugadores del Getafe va a ser importante". Y yo me pregunto: ¿por qué? Lo que sí será importante es el cabreo que tendrán ellos consigo mismos por las acciones innecesarias que les costaron las expulsiones.


En otro momento, Andrés montes apuntó lo siguiente: "el fútbol es grande porque hace que la gente aplique unos razonamientos que no aplica luego en su vida diaria". A lo mejor el señor montes se refería al fútbol como a veces nos referimos al arte, que, según algunos, puede dar sus mejores frutos si se aleja de los razonamientos cotidianos. Además, estoy seguro de que el señor montes no quiso decir que la grandeza del fútbol haya que asociarla, por ejemplo, a los razonamientos que llevan a algunas personas a insultar en los campos a los mismos hombres a los que luego saludan educadamente si se cruzan con ellos por la calle.

El otro partido del que hablaré es el Valencia-Villarreal. En él, el jugador David villa decidió auto expulsarse por una protesta acompañada de claros gestos desaprobatorios con los brazos en alto (primera amonestación, merecida) y por dejarse caer en el área rival con intención de engañar al árbitro (y al resto de la sociedad), contraviniendo la esencia de la deportividad (segunda amonestación, también merecida). Posteriormente, el jugador Joaquín también fue expulsado por expresar abiertamente, con palabras y gestos, que el árbitro tenía mucha cara (no sé si diría algo más, pero lo apuntado, por sí solo, es merecedor de la expulsión).

Pues bien, por increíble que parezca, y quizás por aquello de que " el fútbol es grande porque hace que la gente aplique unos razonamientos que no aplica luego en su vida diaria " (y no quiero decir con esto que Andrés montes apruebe los comportamientos que voy a condenar a continuación; es más, estoy seguro de que, igual que a mí, le parecen irracionales), los aficionados del valencia premiaron con aplausos a los futbolistas que decidieron auto expulsarse (ejemplo lamentable para los jóvenes que los consideran sus ídolos; por no hablar de los millones que cobran, que, digo yo, serán por jugar, no por provocar sus expulsiones); por contra, para el árbitro, que acertó en ambas ocasiones (aunque, como ya he dicho alguna vez en otro artículo, el respeto debido a toda persona es incondicional e inviolable, por lo que no depende de que acierte o no, igual que no se puede insultar a un futbolista aunque se auto expulse), miles de espectadores entonaron el miserable cántico de " hijo de puta, Pérez lasa ".

Como nunca nos alarmamos ni levantamos la voz ante estos atentados contra la dignidad humana, el comentarista de la sexta (no recuerdo su nombre) se limitó a decir que escucháramos lo que los aficionados gritaban (no todos, evidentemente, pero sí el número suficiente para que se percibiera perfectamente a través de la televisión). Yo esperaba una repulsa firme por parte del comentarista, y, como he manifestado en el caso de Andrés Montes, seguro que coincide conmigo en dicha repulsa; el problema es que nos hemos acostumbrado a convivir con estos denigrantes comportamientos como si no pasara nada. Pero sí pasa.

Si no queremos o no somos capaces de denunciar las faltas de respeto y los comportamientos irracionales que se dan en el fútbol, entonces, por favor, que alguien me diga de dónde sacamos la autoridad moral para explicar a los jóvenes que deben respetar a las personas de otras culturas, razas o países, o que deben defender sus ideas políticas y religiosas sin amenazar ni agredir (física o verbalmente) a nadie. Es inadmisible pensar que en el fútbol dejan de tener validez los principios fundamentales de convivencia que defendemos en el resto de ámbitos humanos.

Coincido con Andrés Montes en que " la vida puede ser maravillosa ", como creo que todos coincidiremos en que la vida, si perdemos el respeto debido a todo ser humano, empieza a resultar un infierno.


Ángel Andrés Jiménez Bonillo, árbitro de fútbol adscrito a la delegación costa del sol.

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