EL LENGUAJE DE LOS NIÑOS

viernes, 16 de febrero de 2007

CUERPOMENTE
febrero Nº 178



Comprender qué quieren decir los niños cuando no saben ponerlo en palabras es esencial para conocer sus necesidades, temores y deseos más profundos, y sienta las bases de una comunicación fluida.

Los niños expresan sus necesidades, deseos, miedos, ansiedades y sentimientos, pero muchas veces los adultos no sabemos descifrar sus mensajes. Cuando son pequeños no disponen de un lenguaje verbal para hacerlo y recurren al llanto, el movimiento y los gestos. Un poco mayores, aun pudiendo hablar, muchas veces se expresan mediante el juego, los dibujos y los sueños. En algunos casos, incluso somatizan su malestar en forma de dolores de estómago y otros síntomas.
Este artículo pretende servir de guía a los padres para que aprendan a descifrar los códigos utilizados por sus hijos y puedan dialogar con ellos sobre los temas que les preocupan pero les cuesta sacar a la luz mediante palabras.
Entendiendo el lenguaje de los niños podemos acercarnos más fácilmente a ellos, comprenderles y ayudarles a resolver sus problemas.

La comunicación no verbal

Los niños, al igual que los adultos, se expresan tanto a través de las palabras como de todo lo que las acompaña: gestos, miradas y el propio tono, volumen o inflexión de la voz. Los padres deberían prestar atención a toda esta comunicación no verbal.

El volumen de voz. Si es alto muestra una voluntad de imponerse. Si es muy bajo expresa retraimiento e introversión.

El ritmo. Cuando el niño habla de modo entrecortado está más bien atemorizado o quiere evitar la conversación.

El tono. Si habla en un tono agudo y casi ahogándose está emocionado.

La expresión facial. Las pupilas dilatadas denotan interés y sorpresa. Un parpadeo repetido, nerviosismo y temor. Si el niño evita mirarnos abiertamente, quiere ocultar algo.

Los niños que sienten que pueden hablar libremente con sus padres utilizarán la palabra en vez de otras vías para resolver conflictos. Algunas claves para saber escucharles son:

- Reservarse un tiempo diario para hablar con ellos, preguntarles cómo les ha ido el día y hablarles también de nuestras cosas. No se trata de hacerlo como si fuera un interrogatorio, sino manteniendo un clima relajado. La comunicación resulta fundamental para crear un buen ambiente familiar, basado en el respeto, el diálogo y la confianza.

- No sólo atender a sus palabras, sino también a aquellas otras maneras de «hablar» que tienen los niños: besos, abrazos, miradas, así como juegos, dibujos, sueños... tal como se comenta en este artículo. Se puede aprender mucho escuchando los mensajes explícitos e implícitos que transmiten los hijos.

- Escucharles. Hay que prestar atención a lo que cuentan, sin desviar la conversación hacia otros temas que puedan ser de mayor interés para los padres. Para que se dé una buena comunicación los niños deben sentirse escuchados. Entonces, se sienten importantes para sus padres y les es más fácil hablar de lo que les preocupa. La autoestima de los niños está relacionada en gran medida con su percepción de la importancia que tienen en nuestras vidas.

- Si estamos muy ocupados es preferible decirles que ya hablaremos en otro momento antes que seguir haciendo otras cosas sin atender a lo que nos cuentan.

- Dejarles acabar de expresarse antes de darles una respuesta ya que, de lo contrario, sienten que lo que pretenden los padres no es tanto escucharles como sermonearles.

- Hablarles de lo que hacemos, de lo que pensamos, etc. porque la comunicación debe ser recíproca.

Lourdes Mantilla (psicóloga)

Puedes leer el artículo completo en la revista Cuerpomente

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